sábado, 14 de noviembre de 2009

Negocio espiritual



Por Krisaltis-Crisaltis

El presente artículo no es ateo, pero tampoco crédulo sin más, es más bien un observar con sentido crítico, pero sin dejar de ser espirituales. Habiendo aclarado esto, es importante hablar acerca de las corrientes llamadas espirituales de los últimos tiempos, y si en verdad lo son. También se verá si es lo adecuado cobrar por algunos de los servicios espiritistas. Se tratará de ser breves pero concisos, para que la idea no se enrede demasiado, ya que se trata de ser lo más claro posible, sin dejar de argumentar como ha de ser.

En primer lugar, aquí no se niega la existencia de lo energético que rodea todo lo existente, que se manifiesta como aquello divino e ininteligible, difícilmente puesto en palabras, y si se describe, se pierde su rastro. No porque así lo dice alguna postura oriental o alguna otra que diga semejante, sino por algo muy obvio. Y es que si se trata de una manifestación ilimitada, ¿no es obvio que cualquier cosa que pueda tratar de medirla, solo lo hará fragmentariamente? No hay que ser creyentes para saber eso, simplemente el hecho de saber que la naturaleza es demasiado compleja para que pueda caber en la mente humana, ya deja que aflore una sensibilidad en el ser humano, un respeto hacia lo natural. Se está empleando la palabra divinidad, lo divino, porque no hace necesariamente alusión a algún dios en particular. En este sentido, no puede aprehenderse la totalidad de la existencia. Hasta aquí no hay la necesidad de hacer alusión a ninguna ciencia en particular para poder fundamentarlo.

Sabiendo esto, y que aquello divino se manifiesta en todo cuanto es, ¿qué nos diferenciaría de los que declaran que por unos postulados de la ciencia ya se tiene la prueba definitiva de que esto realmente exista? Para empezar, a lo divino no le interesa que se lo demuestre, y no es que tenga algún interés aparte, sino que simplemente Es. Tampoco es que sea una dictadura, es opcional que cada quien prefiera pensar que está allí o simplemente vivir como si no estuviera, solo que si se vive de la segunda forma, podría terminarse por pensar que todo es manipulable, volviendo a la manía de querer transformar todo lo natural, para luego sentir las repercusiones ecológicas de esto. El tener presente ese factor ilimitado en las cosas, provee de un sentimiento de cuidado hacia aquello que se ve, y es éste un motivo por el cual aquellos que andan en el mundo espiritual de forma activa suelen presentar una predisposición más acentuada al defender lo ecológico. Sin embargo, esto no acredita que no haya un sentido crítico al momento de verse ante diversos sistemas de creencias, que pueden beneficiarlo o perjudicarlo. ¿De qué manera?, esto se verá en lo que sigue.

Si bien es cierto que el campo espiritual aporta muchos beneficios, como el de poder sobrepasar ciertas depresiones o dudas existenciales, también es cierto que hay quienes se pueden aprovechar de esto. Se puede resumir en la siguiente frase: el fin no justifica los medios. En otras palabras, si bien las conclusiones a las que se pueden llegar son las mismas al considerar lo infinito e inaprehensible, los medios por los cuales se hacen uso pueden no ser las mejores. Si alguien tergiversa algún postulado en ciencia, por ejemplo, y lo hace de modo que parezca creíble y de ello saque ganancias inescrupulosas, entonces hay un abuso contra la fe de las personas. Está bien que uno pueda ser creyente en algo, pero tampoco es que si algo de pronto aparece, sacando las mismas conclusiones acerca de lo divino, pero usando un método nuevo de demostración, se lo crea sin ningún modo de saber si es verdad lo que dice. Pero, ¿de qué modo afecta esto a uno, si después de todo al final se dice lo mismo? Si la persona piensa que no hay ninguna diferencia, entonces si alguien proclama que descubrió una nueva fórmula de conectarse con lo eterno no representaría mayor problema. Lo que sucede es que detrás de eso hay una serie de ganancias monetarias, que es evidente. La cuestión es, que así como pasó con el cristianismo y algunas otras religiones, el patrón de necesitar un intermedio para ser eso divino sigue persistiendo. Puesto más claramente, uno puede no pertenecer a ninguna religión, pero debajo de todo ese abanico de nuevas creencias puede estar el patrón de su antigua religión.

Si uno sabe que lo ilimitado está en todo, ¿qué necesidad hay de comprar o adquirir algún producto “espiritual”? Esto solo muestra la falta de confianza, o fe si se quiere, en que uno mismo es un ser multidimensional, en el sentido de que no se está separado de la naturaleza, esa misma que se está considerando inaprehensible. Esta incoherencia, contradicción, haya refugio en los que declaran que tienen la pócima mágica para curar todo, aduciendo a que se está conectado con el todo. Quizá la persona no lo logre notar por diversos motivos, muchas veces uno no cuenta con los medios necesarios para saber si lo que escucha es real o no, o quizá simplemente se encuentra en situación crítica, en donde el sentido de creer en algo aumenta, y hay propensión a adoptar nuevas formas solucionadoras de problemas. Así pues, la gran diferencia entre los que hablan de lo ilimitado y los que obtienen beneficios sin medida es que se trata de una cuestión de no aprovecharse de la gente. Cuando se habla de espiritualidad se tocan temas que tienen que ver mucho con la sensibilidad, no es para estar sacando cuentas de cuánto se puede ganar con la siguiente poción, video o libro mágico. El ciudadano común y corriente se encuentra expuesto ante todo esto, porque normalmente no hay en los gobiernos un sistema que ayude a regular esta clase de negocios, el negocio espiritual. Solo búsquese cuánta infinidad de productos de toda clase llamados espirituales hay, se cuentan por miles. En una sociedad en donde hasta lo espiritual se volvió mercancía, y en donde el estilo de vida es el de tener en cuenta el dinero como uno de los principales factores, no es de sorprender que exista todo esto. Con el avance de la ciencia, que cada vez se vuelve más difícil de entender para la persona común, debido a su especialización continua –aunque sea multidisciplinariamente-, las malinterpretaciones se prestan a cada instante que surge algún nuevo descubrimiento.

Surge la cuestión, ¿en qué medida estaría adecuado cobrar por algunos servicios? Muchos podrían decir que solo se debe de cobrar lo necesario. Si alguien se llama espiritual y cobra 150 euros por sesión, eso evidentemente es más que tener sólo lo necesario. Ésta es una buena manera de saber si hay estafa o no. Cuando se habla de tener solo lo necesario, uno no piensa en que todas las sesiones costara, por ejemplo, 10 euros, sino que llegado a un punto la persona que está cobrando, al obtener el dinero necesario para su subsistencia, empezará a cobrar menos o, en el mejor de los casos, a hacerlo gratis. Pero como se dijo anteriormente, el modelo económico actual no se trata de tener lo suficiente y eso es todo, sino de adquirir más y más sin medida, codicia. No hay un código ético que diga a la persona cuánto en realidad debiera obtener de ganancias monetarias, y tampoco ningún sistema que ayude a controlar esto. Lo malo es que esta clase de cosas pueden conllevar a la muerte, si alguien no es tratado a tiempo por alguna enfermedad, por pensar que el curandero de la esquina, la poción mágica o el video espiritista-mercantil dicen cómo sanar.

Volviendo al tema, el problema está en que hay esa tendencia a querer un intermediario. Si antes pudo ser un símbolo, ahora podría ser la ciencia misma, de forma muy distorsionada, pero mientras represente un intermedio, para el que necesite un puente, estará bien. En esa mentalidad, no importa si se usan engaños para hacer creer a la gente que ya se tiene la prueba absoluta de lo ilimitado, lo importante será sentirse que se puede llegar al nuevo paraíso, que se está en buenas manos. Qué casualidad que los que mayormente estafan a la gente tengan la apariencia de ser muy carismáticos. A fin de cuentas, de quien depende todo esto es de la persona, si decide dar su fe, sus creencias y sus esperanzas en algo que piensa que es verdad, lo haya puesto en duda, investigado o no. Por último, los que hacen creer a la gente que una cosa es algo que en realidad no es, existen porque hay alguien que les cree.