martes, 22 de septiembre de 2009

¿Qué rayos sabemos?


¿Qué rayos sabemos?

por TOMAS BUCH
Especial para "Río Negro"

No se trata de preguntarnos sobre los fenómenos eléctricos de la atmósfera. Se trata del confuso título de una confusa película, que en su original inglés es aún más grosero: "What the #$%& do we know?" donde los signos evidentemente reemplazan a una palabra muy dudosa, "bleep", que es algo así como un pitido. Se trata de una producción tan pretenciosa y tal llena de errores conceptuales, contradicciones y mal gusto, que he decidido hacerme crítico cinematográfico con el único fin de comentarla. Lo que también me motiva es el notable y alarmante éxito económico que ha tenido una película que circula en forma de video por fuera del circuito comercial. Ha vendido cientos de copias solamente en Bariloche, y espero no contribuir a la curiosidad de mis lectores y que vayan a comprarla.

Se trata de un verdadero fenómeno de masas y una mistificación pseudocientífica y pseudoespiritual de algunas de las tesis más o menos modernas que pretenden aportar novedades acerca del viejo problema filosófico sobre la relación entre lo espiritual y lo físico. Pero por su extraordinaria confusión conceptual termina siendo pseudo-todo.
En realidad, ninguna de las tesis expuestas es nueva. Forma parte de una corriente que afirma que el secreto de la cuestión está en la física cuántica, teoría fisicomatemática sobre la estructura de la materia repetidamente comprobada en su ámbito de validez, pero que aquí es elevada casi al nivel de revelación divina. La física cuántica que establece las reglas del juego que permiten la interpretación de los fenómenos que ocurren en escala atómica o subatómica, con algunos fenómenos cuánticos macroscópicos pero claramente acotados, tiene características muy difíciles de aceptar por la "intuición macroscópica que rige en el conocimiento cotidiano. De acuerdo con ella, una partícula puede "estar" en dos lugares a la vez en una interpretación muy especial de la palabra "estar". También se puede comportar como partícula o como onda, dualidad que también ha excitado la imaginación de los charlatanes. Además, se destaca en el ámbito de la validez de la física cuántica el "principio de indeterminación" según el cual las predicciones de la teoría nunca son enteramente deterministas; lo único que la teoría puede predecir son las probabilidades de ciertos estados de los sistemas materiales estudiados. Claro que estos estados no se permiten muchas libertades, sino que están estrictamente limitados por las características del sistema.
Estas extrañas leyes rigen en la escala microscópica-atómica y extrapolarlas a situaciones en que se las trata de usar para explicar las indeterminaciones del azar o aun los misterios del libre albedrío no es válido. Nuestro destino no depende de fluctuaciones cuánticas del vacío. Sin embargo han surgido escuelas enteras de pensamiento que han pretendido basar en tales extensiones de leyes microscópicas a sistemas millones de veces mayores toda una reinterpretación de la naturaleza de la realidad. Es extrañamente seductor pero es falso.
Claro que la fantasía no debe limitarse, y es muy atractivo jugar con tales ideas. Lo que no se debería es hacer pasar esta clase de cosas por ciencia; con ello se logra confundir a los clientes de la mitología invocando falsamente principios científicos, a los cuales se deforma para servir a aquello que se quiere demostrar. La ciencia se caracteriza por un método, no por los siempre debatibles resultados obtenidos con ese método. Tratar de hacer pasar por científicos datos que no son obtenidos de ese modo, es sencillamente un fraude. Fraude que nuestra película comete la mitad del tiempo. La otra mitad del tiempo dice exactamente lo contrario, mostrando un materialismo científico extremo, llegando a decir textualmente "las emociones son química". Esto puede ser aceptable aunque refleja una visión muy estrecha de de la compleja estructura en muchos niveles de los seres humanos, estructura que es física y química, pero también es biológica y social. Pero lo interesante es que esta visión materialista es totalmente incompatible con otra de las grandes frases de la película: "nosotros creamos la realidad". Al mismo tiempo se afirma que sólo percibimos lo que nos es familiar: descubrimiento que nos lleva a concluir que los indios de Guanahani no vieron las naves de Colón: cosa que se ilustra con una vista al mar vacío y una palmeras borrosas al fondo.

Tampoco el misticismo oriental está ausente de esta ensalada. Así se nos enseña que "Todo es Uno" y que el Universo es mayormente vacío incluso los átomos; vacío que es inmediatamente confundido con el Vacío de la Mente, que es el objetivo de la meditación budista.
No faltan los profesores estadounidenses llenos de títulos que llenan los espacios con generalidades que suenan a científicas y de las que algunas son ciertas; pero la principal herramienta de esta deshonesta obra es la mistificación de la ciencia, generalizando sus resultados a ámbitos a los que se llega por razonamientos analógicos a regiones donde no son válidos. Siempre nos ha sorprendido e intrigado la aparente contradicción del determinismo de las leyes de la física clásica con el juego de azar de nuestras vidas y con la doctrina del libre albedrío. Deberíamos dejar que nos siga sorprendiendo, pero no extrapolar alegremente resultados válidos en un ámbito a otros totalmente distintos, y afirmar muy sueltos de cuerpo que la mecánica cuántica "explica" el libre albedrío.

Ese es sólo uno de los numerosos casos en que se invoca el prestigio de la ciencia a pesar de que esté de moda renegar de algunas de sus aplicaciones para intentar extrapolaciones fraudulentas.
El fraude más notorio de la película es el que se refiere a la pretensión de un señor japonés, Masaru Emoto, de haber mostrado que el agua en un frasco responde al texto amable o agresivo de la etiqueta que se le coloca. Se pretende que el agua destilada dentro del frasco responde a cartelitos de amor o de odio, tomando formas que no se sabe si son de hielo y que presuntamente varían según los cartelitos transmiten buenas o malas "ondas" psicolingüísticas. Este es un caso que se prestaría a una investigación científicamente correcta, por implausible que fuera la hipótesis; se podrían hacer experimentos con algunos miles de casos, con diferentes textos e idiomas, y luego someter los resultados a un análisis estadístico; pero no he encontrado evidencias de que eso se haya hecho.

Si se encarase científicamente, se podría hacer creíble una afirmación como hecho comprobado, aunque no exista aún una teoría para "explicarlo". Pero éste no es el método que se aplica: se hace un solo experimento y si las formas de los cristales salen de acuerdo con los que se espera, se publica el resultado. Claro que eso no se publica en revistas científicas, sino en publicaciones ideológicamente afines.

No sé si corresponde hacer también una evaluación propiamente estética de la película, que me he propuesto criticar como pseudociencia. Pero dados ciertos detalles, que resultan especialmente chocantes en un producto que pretende mostrar seriedad y educar en cierta forma de pensamiento, éstos no dejan de tener cierta importancia. Así, por ejemplo, el dominio de las emociones se ilustra mediante una interminable fiesta polaca en la que predomina la chabacanería, y las hormonas –cuyo fluir es provocado por la vista de las participantes femeninas– se asoman por las perneras de los participantes masculinos con aspectos de glóbulos humanizados de aspecto sumamente desagradable. También hay un personaje que manifiesta sus secreciones internas mirando el trasero de la protagonista mientras ésta se agacha para tomar algo de una heladera.

No se entiende, por otra parte, que esta protagonista sea una especie de voyeuse sordomuda con evidentes carencias emocionales, que marcha a través de toda la película sacando fotos a los demás. También llama la atención la pobreza de medios técnicos: las pocas escenas "psicodélicas" que pretenden ilustrar, sea el universo total o el sistema nervioso humano y sus redes neuronales, se repiten hasta el cansancio.

Para resumir esta crítica un tanto lapidaria: se trata de una mistificación pseudocientífica, pseudoespiritual, pseudo-todo, que es totalmente incoherente y contradictoria, y para colmo está muy mal hecha. ¡Alerta, espectadores! ¡No se dejen embaucar!

Fuente: http://www.rionegro.com.ar/arch200604/01/o01f01.php