sábado, 25 de julio de 2009

La contradiccion del desapego


Por Krisaltis-Crisaltis


Harto conocido es el asunto del desapego. No hace falta ya definir qué es exactamente el desapego, uno bien puede estar enterado del asunto porque está de moda, o porque en su simpleza se entero mediante uno mismo. En este caso no se referirá a la idea del desapego como algo de lo cual todos tenemos que hacer, porque si no perpetuaremos el sufrimiento propio, sino ajeno. En este caso se referirá a la idea obsesiva que muchas personas tienen del desapego, a aquel ideal enfermizo que es capaz de actuar de modo frío y cruel ante muchas situaciones, ante muchas personas.


Cuando la gente piensa que el desapego es una suerte de clave para la felicidad, no hace más que engañarse. Desapegarse de la familia, de amigos, de cuestiones materiales, de pensamientos, lo que fuere. No se niega el hecho que en muchos casos el apego sí es una fuente de sufrimiento, lo cual es obvio. Hasta en cierto punto el desapego funciona. Lo que aquí tratamos no es si el desapego funciona, sino a algo irónico. Esta ironía puede denominársele como “apego al ideal del desapego”.

¿Qué es esto?, muy simple. Cuando una persona se apega a la idea del desapego, ¿qué hace?. Trata de alejarse de amigos, de familiares, de todo lo que la persona piense pueda emerger apego alguno. En ese momento la persona se torna sola, quizá hasta desorientada. Llega un momento dado en el que la persona no tiene idea de cómo llego hasta donde llegó, y es que sucede que a tanto darle a la idea del desapego que termino por aislarse. ¿Es esto desapego?. Entonces, podemos notar que apegarse al ideal del desapego conlleva a más sufrimiento, y no solo eso, están los seudomaestros, libros y revistas, programas de televisión y demás, que fomentan este caracter enfermizo que tiene consecuencias hasta en la salud, partiendo de lo energético, que de por sí tal desgaste energético es bien aprovechado por algun denominado vampiro energético, o algun otro ente no necesariamente físico o humano.

La fórmula de esta contradicción puede simplificarse en lo siguiente:

Siento dolor. No quiero sentir dolor. El desapego me aleja del dolor. Por tanto, opto por el desapego.

Lo que se puede traducir en una evasión de la responsabilidad propia hacia los asuntos que nos rodean. Uno puede tornarse ermitaño de tanto “cacao” mental, de hecho, asi sucede en algunas ocasiones. Un ermitaño actualmente no es aquel que se va a la montaña, a la cueva o al bosque. Un ermitaño, entendido como persona que evita por cualquier modo rozar con otras personas por temor a sufrir, en la actualidad es aquel que vive indiferente hacia los suyos. Esta persona, si acaso le interesa algo o alguien, es por mero beneficio propio (paz interior) o por mera evasión de la realidad. Lo más probable es que ese ermitaño vuelva a nacer como beodo inmoral, para que de ese modo comprenda lo que ha ido evadiendo y no vegete lo que ha ido ignorando.
A uno le puede sentar bien excluirse a si mismo para no rozar con nadie, quizá sienta que haya logrado la tan afamada paz interior, que en la actualidad, con toda la distorsión existente, se traduce como imbecilidad generalizada, que aparte de ser imbécil, se cree que uno hace todo para el bien, que lo que haga es para bien; esto es, una anestesia psicológica.

No nos extrañe ver a personas que tratamos pero que evitan por cualquier medio involucrarse a fondo con nosotros, a no ser que ellos perciban somos nosotros los que actuamos como distractores energéticos. No nos extrañe ver alrededor personas que digan “no se apegen a los deseos, a los ideales, a los objetivos, a los hijos”. Lo dañino de esto es cuando nos afecta de modo que salgamos de nuestro centro, que vaya en detrimento de los demás. No hay nada de dañino en apegarse a ideal alguno, a objetivo alguno, a los hijos. Si uno terminase por desapegarse por completo a todo lo que nos rodea, si no existiese apego alguno ni por los hijos ni por lo que le nace hacer, pues, estaría iluminado, o algo por el estilo. Un iluminado no es ermitaño, tampoco se apega a la idea del desapego ni es indiferente ante los demás. En pocas palabras, sería lo que Es en acción. Comprende lo que le rodea tal cual Es de modo que se mueve a corde lo que acontece, que no es inercia, sino hacer las cosas según se manifiesta en la comprensión de los hechos.

Todo arquetipo que trate de dar con lo conocido como iluminación es pura desinformación. Y el fomento de la idea del desapego como camino hacia la iluminación no es la escepción. Despues de todo, la idea aquella va en relación a ésta.
Lo que hace la actual idea del desapego, la comercializada, la idiota, es tornar imbécil a las personas para que no muevan los cimientos de lo establecido; esto es, para que no cuestionen, para que no indaguen, para que no comprendan en plenitud la situación actual que se vive en el planeta.
Confundir a las personas es uno de los objetivos, de modo que si confunden a la persona se le puede dar un manual de “autoayuda” para que se le vaya domesticando. Quizá la persona ya se sienta segura de lo que quiere, de lo que no, del porqué y para qué de lo que haga; sin embargo, cuando esta persona se ve abotagada de tanta distorsión, no es de sorprenderse, pues, que se termine en algún instituto espiritualoide, o siendo parte del movimiento espiritualoide de turno. Tampoco es de extrañarse que vaya ligado con el sistema de turno, como en otrora sucedió en tantos imperios como el romano.

El evadir las relaciones unos con otros, el optar por excluirse para no sufrir, también demuestra la baja calidad de relación que llevamos con quienes nos rodean. Esta actitud demuestra que nosotros no entablamos una relación fluida con nuestros semejantes, una relación de verdadera amistad.

Acláremos los asuntos y démosle el termino correspondiente a la situación correspondiente según se requiera.

La evasión de nuestras responsabilidades, camuflándolo con la idea del “desapego”, no es merecedor de nombrarla como actitud infantil. La actitud infantil es propia de la edad; en cambio, nosotros, siendo ya personas mayores, ya pasada la etapa infantil, no se es propio que se nos nombre de actitud infantil. Esta actitud es de nombrarse como alienación desmedida, aunque de por sí ya toda alienación es desmedida. Cuando varias personas hacen lo mismo sucede algo curioso, la verguenza propia se nubla con la turba. Esto podría explicar, de cierta manera, una de las causas del porqué aún se insiste en poner en practica ideas distorsionadas, como la del desapego. Una persona en su centro puede notar con facilidad lo idiota de lo sabio. Entonces, no es de extrañarse que los que están en su centro tiendan a ser uno de los primeros blancos para mantenerlos en estado autómota. En tanto que más atutómata mejor.

Cuando uno evade lo que teme, en este caso el apego, no hace mas que "posponerlo". Uno puede evadir lo que teme, pero el temor está dentro, influyendo a modo inconsciente hasta el consciente cada cosa que se haga.


Es momento, cualquier momento es oportuno, de darse cuenta de las implicaciones que conlleva toda esta distorsión de información. La distorsión de la idea del desapego es una entre tantas. Existe también la distorsión mediante las denominadas canalizaciones, mediante ciertos decretos, mediante música, mediante imágenes, etc.
Si no somos conscientes de lo que en verdad sucede alrededor, es más probable que pensemos que lo que hagamos es lo correcto, cuando en verdad no estamos mas que perpetuando la perversidad del modo de manipulación actual.
Darse cuenta de lo que sucede implica lo multidimensional, lo que no se limita a este plano físico. Para esto no existe guía determinada alguna; sin embargo, puede uno valerse de herramientas, pero las herramientas no son el camino.

El desapego se dará cuando comprendamos en plenitud la multidimesionalidad del asunto.


Namasté

01-19-06