sábado, 25 de julio de 2009

Consciencia despierta


Por Krisaltis

El ritmo por el que muchas personas sobreviven, se puede decir, llega al punto que no pueden ni respirar. Andan tan abotagadas de quehaceres que prácticamente queda poco o nada para la reflexión, y a eso súmele la influencia de diversos métodos de persuasión masiva para mantener así a la gente. Hasta aquí nada nuevo. Los prejuicios llamados de clases, los problemas concernientes al dinero, y así en más. Llama la atención que la antigua manera de obtener el derecho de casarse con alguien por sus bienes aún prevalezca, pero claro está, ya no se cambian por objetos, sino que es un intercambio tácito en el que uno tiene que reunir las condiciones de vida necesarias. Es decir, relación en base a lo material, cuando bien se podría dar como solución el generar, juntos, las condiciones. De modo que la base se torna distinta.

Hoy en día pocos son los que están conscientes de lo que sucede a nivel multidimensional[1]. No se está refiriendo aquí a la consciencia de estar meramente despiertos o de estar vivo. Se comprende por consciencia a la percepción de los hechos, a la responsabilidad, a cualidades que pocas personas manifiestan en estos momentos. Sin embargo, se puede decir que están vendiendo “consciencia” mediante algunos libracos que poco o nada tienen que ver con los hechos. Un taponeo de la realidad que hace sentir bien y es por eso que se consume. Se puede apreciar que hay más aceptación del placer propio que la comprensión seria de los hechos. No se afirma que para comprender los hechos se requiere sufrimiento, nada más lejos que lo compartido aquí. Se está señalando que dentro de esa autosatisfacción reside la continuidad de la carencia de la reflexión.

Existe tanta información que ignora la persona media respecto a su entorno. ¿Cuántos están enterados que no todos sus problemas emocionales son causados a propósito para servir de alimento a otras entidades[2]?. ¿Cuántos sí están enterados y sin embargo continúan en un embrollo psicológico?. Pues bien, dentro de todo este embrollo por el que persona media pasa, ha de existir un momento en el que su lucidez irradie su entorno, empezando por sí mismo. Dentro de las grandes urbes la apreciación de la naturaleza se ve reducida, cuya contemplación puede motivar a la sensibilidad y valoración por los valores nobles. Esta ofuscación de la apreciación de lo natural obedece a uno de tantos diseños de persuasión masiva: mantener a la gente en el olvido del ritmo natural. Sin embargo, es allí en donde la acción ha de darse. Ni las universidades ni las escuelas hacen mucho. Es más, se suele promover la competitividad cruda, que va en detrimento hasta de uno mismo, carcomiendo la sensibilidad humana. “La vida es así de dura”, se suele decir. No se niega, pero tampoco se niega que son condiciones diseñadas a propósito, no ya para solamente la ganancia monetaria, sino también para el manipuleo mundial, tratando de reducir, simplificar, la comprensión de lo que fluye que no requiere competir sino colaborar juntos, en diversidad de percepciones.

Un persona en promedio, a nivel mundial, no suele vivir más de cien años, de los cuales cierto porcentaje la pasa durmiendo, con lo cual serían menos años con los ojos abiertos. Este latir, el universo, lleva, más o menos, unos trece mil millones de años. De modo que cabe preguntarnos si lo que hacemos es lo que realmente nace de nosotros mismos. No se omite que dado las condiciones económicas se suela optar por lo más rentable. Nada nuevo, en cada sociedad en turno se ha dado de diferentes maneras. Ahora vendría preguntarnos si permitiremos que esta etapa de vida física obedezca a cada sociedad. Y claro, otros optarían por decir que primero conseguir las condiciones favorables y luego dedicarse a lo que a uno le nace. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se da así y uno termina con lo que más ha tratado de evitar. Por otro lado, la propuesta estaría de maravillas si se tiene como base lo que nace en verdad, y no la cuestión meramente material. Y bien algunos sabemos que el éxito le sonríe, por así decirlo, a quienes hacen aquello por lo cual les brota. Éste “éxito” no es solo económico, que dicho sea de paso es una consecuencia de tantas. Me refiero a la abundancia. Sentirse en el lugar indicado, haciendo lo que ha de hacerse según es indicado desde su ser, en originalidad. Y ésta no es una propuesta del voluntarismo, sino que tiene como base la consciencia plena, aprehendida como lucidez y estar centrado, sin ir en detrimento de los demás y del entorno.

Podría sonar muy utópico lo que se está compartiendo en este texto. Sin embargo, preciso señalar que son algunas de las cualidades que ameritan ponerse en práctica. Si uno se propone a hacerlo, es muy posible que se le considere en la Luna. Otra vez, nada nuevo, ya que los que piensan por sí mismos suelen ser etiquetados de esa manera. Sí, se trata de pensar por sí mismo, de sentir por sí mismo y en relación con la multidimensionalidad existente. Darse cuenta de lo que acontece en uno mismo. ¿Cuántas personas pasan por las calles sin casi tener una pizca real de lo que son?. Una vez que se esté claro de lo que se Es, entonces las relaciones entre las personas, sucesos y así en más, serán muy distintas. Esto se explica por el hecho que somos nosotros los que conformamos la comunidad correspondiente. Sin embargo, tampoco se niega que dentro de esa comunidad puedan existir, de hecho los hay, entidades encargadas de mantener en distorsión energética y psicológica a cada quien. Entonces todo este asunto de optimizar las relaciones unos con otros empezando consigo mismo no es meramente algo que sea del plano del pensamiento-sentimiento, sino que tiene influencia hacia aquello que no se limita al pensar-sentir.

No se trata de leer palabras como éstas. Se trata de lo que cada uno pueda hacer desde donde está y con lo que tiene. Romper con el vicio psicológico que señala quedarse como se está. Por más que uno pueda subir de “clase social” bien puede quedar, en lo mental, como la típica persona que era, con algunas modificaciones, sin una transmutación, si se quiere, sustancial del ser. ¿Y es que vamos a quedarnos con los brazos cruzados?. Se trata del planeta, no solo de la humanidad, sino de diversas especies. No se trata de nacionalidades, sino de los que habitamos este lugar. ¿Que si tenemos que pedir ayuda a maestros ascendido[3]s?. No es más que continuar con lo que, por ejemplo, los griegos hacían con sus dioses, solo que ahora con más o menos efectos especiales. Y dicho sea de paso, el asunto de los maestros ascendidos suele ser también vía por el cual se manipulea a la gente. Tan solo ver los mensajes que parecen ser dirigidos a niños de baja edad. Nosotros podemos, hemos de confiar, aunque tampoco se niega que sí existan entidades que colaboren con honestidad.

Es, pues, momento. Con este escrito tengo la intención de compartir lo que comprendo. Sea, entonces, que cada quien se de cuenta de más cuestiones a su ritmo.

Namasté



[1] Refiriéndonos a lo que no se encuentra limitado; es decir, no solo se trata de la razón, sino también del sentir y de lo inadecuadamente llamado extraperceptivo.

[2] Pueden ser desencarnados –seres no físicos que absorben la energía de los demás- o bien alguna o algunas personas que se aprovechan de otras, llámese vampiros energéticos, como su nombre lo indica.

[3] Se supone que existen seres de evolución mayor en comparación a la humanidad actual.