martes, 3 de noviembre de 2009

Cuentos cuánticos

LOS CUENTOS CUÁNTICOS DEL DOCTOR CHOPRA

Juan José Morales

Deepak Uno puede preguntarse para qué tenemos médicos, medicamentos, hospitales, quirófanos, funerarias y cementerios si ya existe la medicina cuántica, un maravilloso y eficaz cúralo todo que permite a cualquier persona mantenerse sana y fuerte, curarse por sí misma si es necesario, y hasta burlar a la muerte con la pura fuerza de voluntad. Porque, según la medicina cuántica, la salud y la enfermedad son simple­mente decisiones y la gente enferma porque no tiene fuerza de voluntad para mantenerse sana, se cura por­que desea hacerlo, y muere porque no se esfuerza por seguir viva. Al menos eso asegura la pomposamen­te llamada medicina cuántica, a cuya popularización contribuyó una reciente película titulada ¿Y tú qué@#V!* sabes?, un mero batidillo de conceptos de la física moderna y filosofías orientales.

La supuesta medici­na fue ideada por Deepak Chopra, quien tiene en su favor el ser indo, y ya se sabe que para los devotos de las medicinas alternativas el solo hecho de que algo o alguien provenga de la India es como un sello de garantía.

Chopra nació en la India en 1947. Ahí estudió medicina, se gra­duó en 1968 y 12 años después emigró a Estados Unidos, donde llegó a ocupar cargos importantes como endocrinólogo en un afama­do hospital y fue catedrático en 2 reconocidas escuelas de medicina. Pero pronto descubrió que la charlatanería dejaba mucho más dinero y comenzó a embaucar pacien­tes con tratamientos de “medicina ayurveda” basada en energías espi­rituales, fuerzas internas, hierbas y brebajes supuestamente utiliza­dos por los santones hindúes hace 6,000 años y rescatados por él de antiguos textos védicos. Sólo que como eso de las terapias milenarias ya está bastante choteado, decidió darles un aire científico.

Así nació la medicina cuántica, adornadita con terminología to­mada de la rama de la física también conocida como mecánica cuánti­ca o mecánica ondu­latoria, que todo el mundo ha oído men­cionar pero conocida y realmente com­prendida por pocos. Entre otras cosas, la física cuántica per­mitió saber que la energía no es con­tinua pues se mani­fiesta en forma de pequeñísimas unida­des -denominadas cuantos- y que las partículas elementa­les integrantes de los átomos se compor­tan como diminutos paquetes de ondas.

Para los físicos esto no tiene nada de extraordinario o misterioso y manejan la dualidad onda-partícu­la sin problemas.

PACIENTES ESTÚPIDOS

La pseudomedicina inventada por Chopra recurre al llamado principio de incertidumbre de Heisenberg, según el cual no se puede medir simultáneamente la posición y el impulso de una partícula elemental porque el dispositivo de medición influye sobre ella y altera su posi­ción o movimiento. De ahí Chopra sacó la peregrina conclusión de que la conciencia del ser humano que observa esos fenómenos deter­mina lo que ocurre. O, dicho de otro modo, la mente del observador dirige los fenómenos.

Conviene aclarar que según explicó el propio Heisenberg, los fenómenos ob­servados nada tie­nen que ver con su registro por la men­te del observador, pues existen por sí mismos, y añadió que “la teoría cuán­tica no contiene ele­mentos subjetivos genuinos, no intro­duce la mente del físico como parte del acontecimiento atómico”.

Chopra, sin em­bargo, afirma que si la conciencia del observador puede determinar lo ocurrido con las par­tículas elementales (lo cual es erró­neo), la conciencia de un ser huma­no puede guiar cuanto ocurre en su cuerpo. Su conclusión: para curar­se basta y sobra con la decisión del propio enfermo, desde luego con cierta ayudadita de los libros, men­jurjes y terapias del propio Chopra. Y, planteadas las cosas en sentido inverso, si alguien enferma no es debido a bacterias, virus o defectos genéticos, sino a que el enfermo es demasiado estúpido o indolente para no ordenar a su cuerpo man­tenerse sano, o porque no supo aplicar las sabias instrucciones del gurú Chopra.

Así, en su libro Ageless body, timeless mind (“Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo”), sostiene que un paciente puede, por ejemplo, curarse del cáncer si salta “a un nuevo nivel de conciencia que prohíbe la existencia del cáncer (…) se trata de un “salto cuántico” de un nivel de funciona­miento a otro nivel superior”.

Así de sencillito. Olvídese de la quimioterapia o la radioterapia. Basta ordenárselo al cuerpo para que el cáncer -o la diabetes, o el enfisema pulmonar, o la cirrosis hepática, no importa qué- desaparezca como por ensalmo.

EL BRINQUITO FALLIDO

La medicina cuántica viene a ser como las típicas recetas de los libros de superación personal nada más que aplicado a la salud y la vida eterna. Di “No tengo cáncer” y no lo tendrás. Di con toda firmeza “Estoy sano y fuerte” y lo estarás. Di “No moriré” y vivirás eternamente.

Cierto: la terminología pseu­docientífica de Chopra engaña a muchos, pero no tiene el menor fundamento. Los fenómenos cuánticos son reales, pero se manifiestan sólo a nivel subatómico, no en la esca­la macroscópica de células, tejidos y órganos. El cuerpo humano no puede pasar “de un nivel cuántico a otro”, y decir que los fenómenos cuánticos determinan su funciona­miento es tan absurdo como supo­ner que uno vivirá más si viaja fre­cuentemente en avión, porque según explica la teoría de la relatividad el tiempo transcurre más lentamente a mayor velocidad. Eso es cierto, mas tal efecto sólo se manifiesta de mane­ra apreciable a velocidades cercanas a la de la luz, es decir, 300,000 kilómetros por segundo.

Chopra no se limita a escribir libros -lleva ya unos 25 títulos que se venden por millones-, dictar conferencias y organizar semina­rios: ha montado todo un sistema de comercialización de un amplio surtido de bebistrajos, aceites aro­máticos y pócimas cuyas “vibracio­nes” controlan la “vibración cuán­tica” del cuerpo.

Ninguna de sus afirmaciones ha sido sometida nunca a escru­tinio científico, pruebas clínicas o experimentos de laboratorio. Son simplemente cuestión de fe. Pero sobran ingenuos creyentes de tales patrañas, entre ellos famosos perso­najes como Demi Moore, Elizabeth Taylor, Michael Jackson y el ex Beatle George Harrison, aunque a éste último Chopra prefiere no mencionarlo: a fines de 2001 murió víctima del cáncer en el cerebro que había ofrecido curarle nomás con un brinquito cuántico.

Fuente: http://marcianitosverdes.haaan.com/2008/10/los-cuentos-cunticos-del-doctor-chopra/