sábado, 25 de julio de 2009

Ludicez


Ludicez


Por Krisaltis

Se ha vuelto común en las personas que suelen reconocerse como investigadores, que no piensen por sí mismos. Más nos recuerdan a sujetos que son parlantes de lo que otros han dicho. La repetición continua de los mismos temas, el uso de los mismos argumentos, unos con una que otra variante, pero al fin y al cabo más de lo mismo, desemboca en un aburrimiento y en una desorientación mental que ofusca la comprensión en espontaneidad. La fuerza con la que uno investiga, pensando por sí mismo, sin temor a fallar, sino en aprendizaje del error, no está manifiesta en la mayoría de las veces. Desde el ámbito académico hasta en los que no lo son tanto, la pauta recurrente es la inercia mental que se siente en las personas. ¿Qué está sucediendo? Es más fácil pensar lo que otros han dicho y darle vuelta al asunto una y otra y otra vez. Sin embargo, esto no es sensato. Prepondera la verbosidad, indicativo de no manifestar lucidez ni energía propia. La situación actual no amerita evadir la realidad, sino observarla, moverse, poner en práctica. Cuando las personas dependen de algún texto, entran en un estado de inercia tanto intelectual como espiritual y se ven fácilmente desconectados de la comprensión-acción de los hechos. La anestesia es la norma entonces, y se la aplaude como si fuese original. Tener patrones sobre la originalidad es mutilarlo desde su esencialidad, olvidando la comprensión activa, que implica caminar por sí mismo. No me refiero a un mero cuestionamiento, sino también a vivir de mejor modo. Se precisa que el método investigativo involucre una transmutación en la persona, como los alquimistas, en su proceso de investigación en cuanto a la piedra filosofal. En una comunidad que está en decadencia, con un modo de gobierno e ideología caduco, es vital que las personas manifiesten cierto grado de responsabilidad. No señalo que todos conozcan tanto como uno, sino que sean lo suficientemente lúcidos, empezando por vivir de modo adecuado, en comprensión y diálogo.

Se sugiere partir de lo esencial, que es uno mismo en relación con los demás, empezando por conocerse a sí mismos. Si la comunidad se caracteriza por violenta, es que sus miembros tenderán a verse así. Ahora, puede que esto suene muy iluso o idealista; sin embargo, ¿qué precisa una comunidad que está enferma?, ¿no es acaso que las relaciones entre sus miembros se vea optimizada?, ¿y para que esto se manifieste no es esencial empezar por sus partes, de modo que el todo se vea influenciado y así, influir en los nuevos integrantes que aparezcan? De este modo se ve que no se trata de una idealización sin pies ni cabeza, sino que es fundamentada a partir de los hechos. El que suene como muy idealista puede ser producto del condicionamiento empleado para provocar que la gente crea que no es posible. Si se quiere mantener a un buen grupo de personas manipuladas, ¿no es eficaz, acaso, mantener sus mentes débiles divagando solamente sobre lo que dijo uno u otro filósofo, economista o sociólogo? Siendo así, ¿no es lo que ahora está sucediendo? Sí, es lo que acontece y, dadas las circunstancias, se amerita que se tome consciencia verdadera, cesando el temor y la flojera mental.

Mantener entretenidas a las personas, provocarles la creencia de que nada se puede hacer, de que esto siempre ha sido así y siempre lo será. Ésta es la idiotización que no solo en los medios de comunicación se inspira, sino que se da hasta en las universidades –nada nuevo. Solo cuando el patrón de condicionamiento cese, la posibilidad de manifestarse por sí mismos, en energía y en espontaneidad, se dará. Entonces lo que se dialogue tendrá sentido y no serán meras divagaciones. En el momento en que la lucidez se manifieste, se dará la acción precisa, en concordancia con los hechos, no evitando lo que sucede, sino tratándolos. En las condiciones actuales no existe racionalidad, sino solo su caricatura. No hay diálogo con los hechos, existe contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. Abundan los títeres, tanto académicos como espirituales. El que sean títeres no los exime de responsabilidad. El daño es enorme. El perjuicio es a nivel planetario. La decadencia amerita la acción precisa, que ha de empezar por la comprensión directa, sin depender demasiado de intermediarios ideológicos –porque se pueden usar como herramientas provisionales. La madurez psicológica podrá manifestarse entonces; la racionalidad también. ¿Cuando las personas divagan sobre los mismos temas una y otra vez, mientras que otros están sufriendo y muriendo por causas evitables, no es signo de que algo no anda del todo bien? Muchos de los llamados intelectuales están dentro del mismo rollo, con la mentalidad distorsionada, generando un mundo aparte desde el cual dizque observar lo que sucede, creyendo que proponen nuevas soluciones; solo están atascándose más en el olvido.

Si se fuese lúcido y sensato, ¿no se vería reflejado en su vida?, ¿qué es lo que prepondera, el conflicto o el diálogo? Es lo primero lo que se da. Inteligencia no es hablar muy bien de lo que algún autor dijo, o ser erudito; en cambio, es una cualidad en la que existe concordancia y equilibrio de lo que se piensa, siente y hace, en estado sano y armonía con los demás. ¿Sucede esto en los intelectuales o en los que se dicen espirituales? El somnífero mental llega a tal punto en el que las consideraciones se toman todas por relativas negando toda cualidad propia de los hechos. Es cierto que no todo es absoluto, pero si no se considera que existen manifestaciones únicas, si no se da un patrón delimitado según las circunstancias, entonces cualquier estupidez puede ser dicha y tomada como válida. Existen niveles y, en estos, no todo es relativo. Cuando la virtud no prepondera en las personas, la distorsión en la comprensión de los hechos puede idiotizar. No, no todas las apreciaciones son relativas, se ha de respetar el plano dimensional en el que uno se encuentra, se han de tomar decisiones claras y precisas. Si todo es tomado como relativo, no hay algo que quede preciso y, por tanto, la ambigüedad tomará el papel principal, siendo que algún manipulador se aproveche de la situación en medio de la inercia mental.

El mensaje es simple: comprenda los hechos y compórtese en sensatez.

Namasté