viernes, 13 de noviembre de 2009

El mítico diez por ciento

El mítico diez por ciento

Por René Anaya

La idea de que sólo empleamos el diez por ciento de nuestra capacidad cerebral es uno de los grandes mitos de la era posmoderna, que han pretendido darle carta de naturalización a algunos de sus subproductos, como las seudotécnicas de administración y las supuestas normas y metodologías de la superación personal y de autoayuda.

Esas y otras patrañas seudocientíficas han logrado traspasar el milenio y se han instalado con una fuerza creciente en quienes administran empresas y hasta "tal vez lo más grave" en quines están a cargo de secretarías de Estado y de organismos públicos descentralizados.

Una mentira repetida

Por supuesto que la inevitable globalización Obliga a poner en marcha sistemas y procedimientos que han demostrado su valía y eficaciaen otros lugares del mundo, pero no deberían obligar a repetir los errores de otros ni, mucho menos, convertir en líderes espirituales a charlatanes que en pos del dinero fácil, fabrican obras maestras del engaño.

Con un lenguaje seudocientífico o extrayendo de su contexto afirmaciones científicas, los autores de ciertos libros de administración y todos los de superación personal y de autoayuda parten de la premisa (nunca corroborada) de que el ser humano no utiliza toda su capacidad cerebral. Con ese planteamiento fundamentan todos sus procedimientos, técnicas, reglas y leyes que presentan en sus libros.

Así, se encuentran técnicas de gimnasia cerebral, de interpretación corporal, de persuasión neurolingüista, de meditación, de autorreflexión y hasta de elaboración de diagramas de flujo y esquemas, que lo único que muestran es el virtuosismo de diseñadores de presentaciones en power point.

Tampoco han faltado quienes, en un sincretismo mercadológico o globalantropológico, combinen los métodos modernos de la mercadotecnia y la superación personal con supuestas prácticas de culturas antiguas, con lo que pretenden demostrar que sus nuevas herramientas para timar tienen sus orígenes en las sabias culturas maya, egipcia, totonaca, hindú, inca, fenicia, griega y hasta apache.

A partir de la afirmación nunca comprobada del desperdicio de nuestras funciones cerebrales, se cometen miles de fraudes que lo único que han logrado es enriquecer a los autores de esas obras desechables y aumentar la nómina de los administradores. Los neurocientíficos, por su parte, empeñados en desentrañar los misterios de la fisiología cerebral, no se han ocupado en desmentir a los líderes de la patraña, que continúan embaucando a miles de personas en todo el mundo (mal de muchos...).

Un cerebro completo

Sin embargo, algunos investigadores, como Barry L. Beyerstein de la Universidad Simon Fraser de Vancouver, Canadá, sí se han preocupado por desmitificar a nuestro cerebro, con base en los actuales conocimientos de su fisiología.

En los últimos años las nuevas técnicas de exploración cerebral, como la tomografía axial computarizada, la tomografía de emisión de positrones, la resonancia magnética nuclear, la microscopía confocal de barrido con láser, la perfección del electroencefalograma (medición de potenciales evocados) han permitido conocer mejor las funciones cerebrales y, en especial, observar en tiempo real las modificaciones cerebrales ante estímulos externos e internos.
Estas técnicas y trabajos experimentales han confirmado que el cerebro humano consume una buena parte de la energía (metabolismo muy elevado), por lo que, de acuerdo con lo observado en la evolución, sería un desperdicio que ese órgano no aprovechara al máximo esa energía.
Asimismo, “la estimulación eléctrica de puntos del cerebro no ha descubierto áreas latentes que, pese al estímulo, no susciten emociones, movimientos o percepciones (cabe probarlo con pacientes sometidos sólo a anestesia parcial porque el cerebro carece de receptores del dolor)”, refiere el investigador Beyerstein.

Lo que sí se conoce y se ha comprobado numerosas veces es la plasticidad del cerebro; es decir, la posibilidad de que se desarrollen ciertas regiones cerebrales para compensar la pérdida de alguna función. Por ejemplo, los ciegos desarrollan más las áreas cerebrales del tacto y el oído; las personas que sufren una lesión cerebral con pérdida del lenguaje, pueden desarrollar otras áreas para recuperar el habla; asimismo, se conoce que quienes tienen grandes habilidades manuales (violinistas, artesanos, escultores y otros) tienen mucho más desarrollada el área de la mano en el cerebro, que las personas que tienen otras actividades no manuales.

Pero esa plasticidad cerebral, semejante a la muscular (una persona que hace ejercicio desarrolla más su musculatura) no significa que no empleemos toda nuestra capacidad cerebral, aunque pensemos que algunos personajes públicos efectivamente no usan todo su cerebro.
Bromas aparte, se debe aceptar que el mito de la subutilización cerebral se ha derrumbado, aunque será más difícil desterrarlo de la mente de las personas, sobre todo si continúa el bombardeo propagandístico de los iluminados de la administración, pública y privada, y de la superación personal.

Fuente: http://www.siempre.com.mx/2665/paginas/ciencia.htm