miércoles, 14 de octubre de 2009

Medicina alternativa

¿QUÉ ES LA SALUD?
concepto de salud no es hoy el mismo de antaño; ni siquiera del de hace sólo unas décadas. De hecho, ha ido variando a lo largo del tiempo adaptándose a los nuevos conocimientos a los que el ser humano ha ido accediendo en su devenir evolutivo y que, inevitablemente, suponía romper con los límites del marco social de referencias que se sustentaba en cada momento histórico. Es más: la historia del "arte de curar" demuestra que éste no ha sido en muchas ocasiones sino una sucesión de agresiones contra el propio cuerpo, como demuestran, por poner ejemplos simples, tratamientos tan disparatados como las sangrías, las purgas salvajes o mantener abrigado y calentito a quien estaba aquejado de fiebre alta.

A fin de cuentas, basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que la Vida es cambio constante, transformación... y que lo es merced al impulso evolutivo que se manifiesta en todo el universo, desde las partículas subatómicas hasta las estructuras más complejas. Impulso de cambio a consecuencia del cual el ser humano se ha enfrentado a una revisión constante de las ideas fundamentales sobre las que se asienta su visión del cosmos, de la realidad, de sí mismo y de su relación con el entorno. Nada debe extrañarnos, pues, que a medida que ha ido avanzando en la conquista de su intelecto, sus ideas sobre la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el mundo físico y el mundo de la mente han ido sufriendo variaciones para adaptarse a los nuevos descubrimientos. Es así como han surgido siempre los nuevos patrones o paradigmas que en cada momento han conformando las convicciones de las sociedades.

¿QUÉ ES UN PARADIGMA?
Fue Platón, el filósofo griego, el primero en emplear este término, pero sería Thomas S. Khun en su libro La estructura de las revoluciones científicas (1975) quien lo aplicaría por primera vez para definir el modelo sobre el que se sustentan las formas de ser y pensar de una sociedad dentro de un marco avalado por la comunidad científica.
Obviamente, pues, los modelos o paradigmas no son eternos ya que constantemente surgen corrientes de opinión que ponen en tela de juicio el patrón científico imperante, tanto desde el punto de vista de la Cultura como de la Filosofía, la Tecnología, la Economía o la Ciencia en cualquiera de sus expresiones. Nuevas ideas que muchas veces surgen como algo indemostrable, casi metafísico, que rompe los límites sociales esclerotizados por la comodidad y el miedo y abre nuevos caminos que se van afianzando paulatinamente como una nueva fuerza creativa y rompedora.
Los paradigmas, al igual que las culturas, necesitan transformarse debido a la presión del medio. Siendo cuando esa presión aumenta hasta un punto crítico cuando el antiguo modelo empieza a ser cuestionado y, poco a poco, lo innovador va ganando terreno. Algo que al principio se plantea como una revolución y provoca el enfrentamiento para, a continuación, dar paso a la confusión y el desconcierto ya que conviven y se superponen durante algún tiempo lo viejo y lo nuevo. De hecho, podemos observar múltiples sucesos en los que se patentizan las nuevas ideas: las transformaciones sociales, los replanteamientos políticos tradicionales, la decadencia de las instituciones religiosas, el auge de nuevos movimientos espirituales, la toma de consciencia de la ecología planetaria, los nuevos marcos en los que se desarrollan las relaciones interpersonales, la caída de las instituciones centenarias y, cómo no, una nueva forma de entender al ser humano y asumir conceptos como los de salud o enfermedad. En suma, es en nuestros días, como nunca, cuando la luz de los nuevos paradigmas está transformando todo a nuestro alrededor: la religión, la filosofía, el arte, la cultura, la economía, la empresa, la educación, la política, las relaciones y, por supuesto, la salud. Estamos, en definitiva, en el umbral de un gigantesco cambio social en el que el ser humano tendrá que realizar un gran esfuerzo para asimilar la transformación comprendiéndola porque, de no hacerlo así, el tránsito a la civilización del futuro lo vivirá de forma traumática.

ANTECEDENTES DE LA MEDICINA OCCIDENTAL
Y qué duda cabe de que uno de los ámbitos donde está teniendo lugar una mayor transformación es en el de la Salud. Porque la revolución científica actual iniciada con la formulación de la Teoría de la Relatividad, primero, y complementada con el desarrollo de la Física Cuántica, después, ha influido en el mundo de la Medicina tanto como el descubrimiento de América cambió en su día la concepción del mundo. Así lo afirma al menos el médico y profesor de la Universidad de Texas Larry Dossey, quien ya en su obra Tiempo, Espacio y Medicina (Ed. Kairós, Barcelona, 1986) reconoció sin ambages que los nuevos conocimientos científicos afectan profundamente a las estructuras en las que se asienta la Medicina actual. "La salud -aseguraba entonces- es algo mucho más complejo de lo que puede explicar el comportamiento de las moléculas". Fue Descartes quien planteó que la Naturaleza está dividida en dos facetas contrapuestas e irreconciliables: el mundo material y el del espíritu, estando éste último constituido por todo aquello que no tiene entidad física. Entendiendo, en consecuencia, que como el hombre forma parte del mundo material está sólo sometido a las leyes de la Mecánica. Es decir, que desde entonces se ha percibido al ser humano como una "máquina" que, en el mejor de los casos, alberga en su interior una parte inmaterial: el alma. Y así, basándose en estas ideas, la salud se resumía en el perfecto funcionamiento del cuerpo, que no vendría a ser más que algo similar a un complejo mecanismo de relojería cuyas piezas pueden estropearse o desordenarse provocando entonces la "enfermedad".

Pues bien, tal concepción del ser humano sigue vigente hasta hoy en la mayor parte del mundo occidental donde "la lucha contra la enfermedad" se plantea como una pelea para intentar que la "máquina" vuelva a funcionar correctamente y donde las averías son diagnosticadas y tratadas con sustancias químicas que suplen las deficiencias o alteraciones del órgano enfermo. Luego, si eso no es suficiente, se recurre a la cirugía para reparar o sustituir las "piezas dañadas".

Otro de los pilares fundamentales en los que se asentaba la Ciencia no hace tanto tiempo era el de los criterios de parcialidad. Como reacción a la época de oscurantismo de la Edad Media, en la que el ser humano estaba mediatizado por creencias dogmáticas y concepciones religiosas que le mantenían atado y sin capacidad de actuar, surgió el método científico y con él la creencia de que sólo era una fuente de información válida la que provenía de los sentidos y, aún en este caso, sólo tenía validez la que pudiera ser medible, pesable, tocable o pudiera reproducirse en laboratorio. Luego, a partir de Kepler, Newton, Descartes y Bacon -padres del movimiento científico- el dominio de la Naturaleza pasaba por la necesidad de subdividirla en partes cada vez más pequeñas y controlables, lo que tuvo reflejo en el terreno de la Medicina al provocar el afán por la especialización. Y así, se dividió al organismo en sistemas, los sistemas en órganos, los órganos en células, las células en moléculas y éstas en partículas. En algunas disciplinas científicas, como la de la Medicina, el problema era mucho más grave, pues cada una de las partes era observada, analizada y tratada independientemente de las demás obviándose su relación o interacción con el resto. Tendencia que se ha mantenido hasta nuestros días.

LA MEDICINA, HOY
Aún así, apoyándose en el desarrollo de la tecnología y la informática, la Medicina ha logrado grandes avances, sobre todo en el terreno de la investigación genética, al intentar encontrar los orígenes de las enfermedades. Sin embargo, la Medicina convencional sigue adoleciendo de parcialidad pues continúa concibiendo al ser humano como un mecanismo ideal regido por la mente -identificando ésta con el cerebro-, sin contemplar las emociones, lo transcendente o la influencia del medio ambiente en el organismo.

Afortunadamente, el nuevo paradigma científico está forzando a los expertos en cada disciplina a revisar sus fundamentos y la Medicina de hoy no es una excepción. Y lo primero que está haciendo es replantearse nuestro concepto del SER HUMANO, recurriendo a la aportación de disciplinas como la Psicología, la Psiquiatría o la Antropología, así como a otras que ya en el mundo griego eran igualmente consideradas "ciencias", como la Filosofía o la Ética.
Nos acercamos así a uno de los fundamentos en los que se asientan los nuevos paradigmas: la certeza de que todo está relacionado, de que el universo es una compleja manifestación energética donde están permanentemente interactuando todos y cada uno de sus diferentes planos vibracionales.

MEDICINA PSICOSOMÁTICA
Hoy, muchos profesionales de la Medicina que se han abierto a las nuevas ideas buscan métodos más sencillos y menos agresivos para curar las enfermedades, intentando evitar los efectos secundarios -altamente tóxicos en ocasiones- de los fármacos, los riesgos de la cirugía, los inútiles tratamientos de gran número de dolencias, etc., obligando a revisar muchas de las concepciones tradicionales. De hecho, uno de los primeros postulados que ha tenido que asumir la Medicina de vanguardia es que cuerpo y mente están estrechamente relacionados. Y así, se habla ya de una nueva disciplina científica, la Medicina Psicosomática, que se ocupa de estudiar cómo las actitudes, las emociones y los pensamientos de las personas tienen un efecto inmediato sobre la fisiología, comprobando además que los procesos de curación en enfermos aquejados de una misma dolencia y a los que se les ha aplicado el mismo tratamiento varían de unos a otros según su estado anímico. Y, de la misma manera, empieza a entenderse que la mente no sólo se circunscribe al funcionamiento del cerebro, sino que hay una repercusión clarísima que se manifiesta a escala celular.
En suma, al igual que en Economía el nuevo paradigma apunta hacia la explotación controlada de los recursos de la Naturaleza y a un profundo conocimiento de ellos para trabajar en su desarrollo, así el cuerpo humano deja de ser un mero instrumento orgánico de entidad material para ser considerado como la expresión más densa de una serie de energías sutiles que se van concretando en orden descendente hasta llegar al plano físico. Formulación que asume además el hecho de que cuando se actúa sobre uno cualquiera de los niveles vibratorios se influye sobre los otros.

NUEVA CONCEPCIÓN DEL SER HUMANO
Hay que señalar además que este planteamiento da un sentido transcendente a la Vida y una visión nueva del ser humano, que empieza a ser entendido como una unidad de conciencia en evolución. Conciencia que utilizaría todos los vehículos a su alcance para manifestarse, entre ellos el cuerpo físico. Cuerpo que, por ser el de menor vibración y, por ende, el de mayor densidad, sería el más fácilmente afectado por los desequilibrios producidos en los niveles de expresión energética superior, traduciéndose en disfunciones físicas, psicológicas o emocionales.
Obviamente, esta nueva concepción del ser humano implica una lectura distinta sobre la enfermedad de la que se venía haciendo hasta ahora al considerar que en su aparición intervienen causas endógenas o exógenas, es decir, generadas tanto desde dentro como desde fuera de nosotros. Paralelamente, los "síntomas" de la enfermedad pasan a ser identificados como señales que habría que escuchar pues representarían un mensaje para que la persona reaccionara y pusiera en marcha cuantos mecanismos tuviera a su alcance a fin de producir los cambios necesarios.
La "enfermedad" no sería pues, desde este punto de vista, sino un dinamizador de la conciencia para el desarrollo integral de la persona. Y aún más: siendo todo ello así, es obvio que habrá que buscar las causas de las enfermedades en los campos de energía sutil que conforman al ser humano. Aunque posiblemente el cambio de mentalidad más trascendente, sobre todo desde el punto de vista de la persona, sea la toma de consciencia de la influencia que ejercen los pensamientos sobre las enfermedades tanto antes de manifestarse como una vez que ya lo han hecho. De ahí que se haya constatado que la concentración de los pensamientos en un objetivo predeterminado, la intencionalidad, la visualización creativa empleadas de forma consciente y, sobre todo, el deseo de la persona de sanar, produzca efectos inmediatos sobre los órganos dañados, reactivando y potenciando el sistema inmunológico.

Por otra parte, en el intento de ser cada vez más conscientes de nuestros procesos de enfermedad, también resulta útil recurrir a algunos avances tecnológicos que ponen a nuestra disposición técnicas como el biofeedback. Método éste basado en la utilización de pequeños artefactos que emiten distintos sonidos para avisar al enfermo de posibles riesgos. Se utiliza en personas con antecedentes de ataques cardiacos, jaquecas, arritmias, diabetes, úlceras, impotencia, problemas de presión sanguínea, etc. Lo que se pretende es activar la consciencia de la persona sobre el proceso físico que está viviendo. Es como una especie de avisador artificial que se activa cuando detecta una situación de peligro. Sólo que -¡qué duda cabe!- es nuestro propio cuerpo el que nos puede proporcionar la mejor respuesta: de hecho se ha comprobado que los estados emocionales (alegría, satisfacción, entusiasmo, etc.) producen una serie de sustancias conocidas como neuropéptidos que activan las defensas del organismo.

LA CONCEPCIÓN HOLOGRÁFICA
Por otra parte, si se confirma la teoría -cada vez más aceptada- que presenta al universo como un megaholograma -es decir, un gigantesco holograma-, nos encontraríamos ante la evidencia de que nuestra salud está estrechamente relacionada con la del mundo que nos rodea hasta el punto de que actuando sobre nosotros estaríamos influyendo en el bienestar del resto de la humanidad y, por extrapolación, en la de todo el universo.
Un nuevo paradigma, en suma, que define la salud como la correcta o armónica interrelación entre los procesos mentales, etéricos y físicos.
En definitiva, el nuevo paradigma nos habla de Salud Integral u Holística y no de Medicina. Y si hasta ahora el enfoque médico ha estado centrado en diagnosticar, localizar y erradicar la enfermedad de órganos o sistemas que sufrían algún tipo de alteración -con lo que la "focalización" impedía ver el aspecto global que presentaba esa enfermedad al centrar su atención en los síntomas y no en el enfermo-, en el futuro habrá que centrarse en comprender lo que le sucede al ser humano que enferma en todas sus facetas, de forma integral, para descubrir la causa de la dolencia y poder tratarla. Ya no se dedicará a buscar virus, bacterias o elementos exógenos a los que achacar una enfermedad sino que tendrá que saber qué procesos mentales y/o emocionales le han llevado -o han contribuido- a que la persona esté en ese estado.

LA CURACIÓN DEPENDE DE NOSOTROS
"La curación -afirma el doctor Leonard Laskow- se da de un modo natural. Podemos usar nuestros pensamientos, nuestras manos, el corazón y la conciencia elevada para inducir la curación. Las energías pueden aprovecharse y amplificarse para propiciar una transformación encaminada a la salud y la integridad en nuestra vida y en las vidas de los demás. En mis veinticinco años ejerciendo la medicina he desarrollado una idea bastante aproximada de cómo puede tratarse eficazmente la enfermedad con procedimientos médicos. No obstante, he visto con claridad meridiana que el médico se limita a tratar; es la naturaleza la responsable de la curación propiamente dicha. Con esto quiero decir que el impulso natural de la vida es curarse, recuperar su integridad. Cada vez que he recurrido a la cirugía dependía del proceso curativo del propio paciente para conducirle hasta su pleno restablecimiento. Impulso curativo natural sin el que hasta el médico mejor capacitado del mundo se vería impotente para devolver la salud al enfermo".
Pero si eso es así, si la fuerza de la vida intenta manifestarse plenamente en todo organismo vivo manteniendo el orden celular, ¿qué sucede para que de pronto se cree el caos y aparezca la enfermedad? Para el Dr. Laskow la respuesta es simple: "Las semillas de la enfermedad se siembran cuando, lo sepamos de un modo consciente o inconsciente, nuestros actos cotidianos entran en conflicto con nuestro objetivo espiritual".
Dicho de otro modo: quien no actúa de acuerdo con su propia conciencia termina somatizando ese conflicto en su cuerpo físico y enfermando. Usted decide.

CONCEPCIÓN DE LA ENFERMEDAD A TRAVÉS DE LA HISTORIA

Hoy sabemos que la concepción de la realidad, del mundo en que vivimos, depende del observador. Que no se trata de algo objetivo y fijo sino que varía según el foco de atención de la persona y su capacidad para comprender y asimilar sus propios procesos y su relación con el entorno en el que se desenvuelve. Razón por la que para intentar seguir la pista de los orígenes de la enfermedad es necesario bucear en el desarrollo de la consciencia del ser humano.

Es muy difícil seguir el hilo conductor de la historia de la Medicina, sobre todo cuando nos acercamos a los orígenes de la humanidad ya que no hay testimonios escritos y los vestigios de los restos arqueológicos no aportan ninguna información salvo la relativa a determinadas dolencias o malformaciones óseas. Sin embargo, hay estudios comparativos de tribus que actualmente viven en condiciones casi prehistóricas, como algunos grupos batús o apaches, los yanomanis del alto Orinoco -que no conocen aún los metales-, los mashigangas de las selvas de Madre de Dios, los amat en Nueva Guinea, los danis recién salidos del Neolítico y los caníbales coroways que utilizan una medicina natural basada en la aplicación de los remedios que la Naturaleza les proporciona. Estudios que nos permiten comprender que fue la intuición la que, hace cientos de miles de años, se fue abriendo paso en el ser humano y le llevó a experimentar con la aplicación local de barros, hierbas, cortezas, raíces, etc., a la hora de buscar algo que supusiera un alivio para el dolor. Y que, probablemente, también incluyeron la ingestión de determinadas hierbas, alimentos, jugos, etc. Es más, hoy sabemos que incluso la simple aplicación de la mano sobre las heridas empezaría a formar parte del saber popular como remedio para calmar el dolor. En todo caso, parece que en los comienzos del Paleolítico se pensaba que la enfermedad tenía que originarse por la penetración en el cuerpo de un objeto extraño. Luego, a finales de este periodo, con el nacimiento del pensamiento simbólico, se atribuyó la enfermedad a una evasión del alma, algo que aún siguen creyendo algunos grupos humanos en Siberia. Y a finales del Pleistoceno se cargó con la responsabilidad de nuestros males a la acción de espíritus malignos, creencia que aún mantienen algunos pobladores en Asia Occidental, Sudeste de África y la cuenca del río Amazonas.

Posteriormente, y como consecuencia de una distribución de funciones dentro de la tribu, surgiría el papel del intermediario entre los espíritus y los hombres, es decir, del brujo, hechicero o chamán, que generalmente encarnaba la máxima autoridad tanto religiosa como política.
En ese sentido, el chamanismo está considerado como el sistema de curación mental y física más antiguo de cuantos se conocen. De hecho, se han descubierto restos de prácticas chamánicas cuya antigüedad se cifra en más de 30.000 años.
Y, por fin, el último paso antes de que se produjera la revolución científica es el de los pueblos que consideran la enfermedad como algo mágico que se ha originado por el incumplimiento de un tabú. Forma de pensar que aún permanece vigente en algunas culturas de nuestro tiempo, sobre todo en el Viejo Mundo, Siberia y Asia Occidental.
En cuanto a la Medicina como ciencia, es obvio que fue de la mano de la religión hasta que comenzaron a distanciarse en el siglo XV. De ahí que la mayoría de las culturas antiguas, Mesopotamia, el pueblo hebreo, Egipto, Grecia, Roma, etc., consideraran la enfermedad como un castigo divino, relacionándola directamente incluso con el pecado (pensamiento judeo-cristiano) o como pruebas enviadas por los dioses para ser superadas. En otros casos, serían los demonios y las fuerzas del mal encarnadas en distintas deidades los responsables de la enfermedad, del dolor y de la muerte.
No siendo hasta que se produce el divorcio entre Ciencia e Iglesia cuando comienza en el mundo occidental el desarrollo de la Medicina alopática, sustentada por dos grandes pilares: la tecnología y la farmacología. ¿Y por qué se la denominó alopática? Pues porque se basaba en la aplicación de "la ley de los contrarios"; es decir, se estudian los síntomas que refleja la enfermedad y se aplican remedios para contrarrestar la disfunción. Por eso para la Medicina alopática las causas que producen una enfermedad se encuentran en la degeneración del órgano o en la influencia de agentes externos. Y así sucedió casi en exclusiva hasta que hace apenas doscientos años se desarrolló la Medicina homeopática, que aunque tuvo su origen en la Grecia clásica permaneció durante siglos en el olvido.

Medicina que se basa en la aplicación de "la ley de los semejantes"; es decir, en el principio de que ciertas enfermedades se curan con medicamentos que producen los mismos síntomas. De ese modo, y apoyándose en este principio, los médicos descubrieron que, cuando diluían las sustancias, éstas seguían manteniendo el mismo poder curativo... y además no tenían efectos secundarios.

Hoy, la Medicina convencional centra sus esfuerzos de investigación apoyándose en la Tecnología y en la Genética, gracias a lo cual se han producido en los últimos años avances muy importantes y se empieza ya a desentrañar el mapa genético del genoma humano, mapa que probablemente quede completo en los próximos años.
Paralelamente, la consciencia del ser humano continuó ampliándose y, al hacerlo, pudo comprender que existen otros campos más sutiles que la materia. Siendo así como comenzó a desarrollarse la Medicina vibracional o energética. En ese sentido, ya desde principios de siglo y merced a los avances tecnológicos pero también a la influencia de Oriente, surgirían una serie de terapias encaminadas a influir sobre lo que se considera la energía vital y que en la Medicina china se conoce como Ch'i, en la hindú como prana y en la japonesa como ki. A consecuencia de lo cual, se realizaron por primera vez en Occidente experimentos en hospitales sobre la transmisión y curación energética mediante la imposición de manos o la llamada anestesia de guante.

Simultáneamente, al incorporar el conocimiento de que todo vibra, de que todo es vibración, se experimenta con la aplicación de cargas de energía electromagnética dirigidas a la cicatrización de tejidos y a la regeneración celular. Sin olvidar, además, las nuevas técnicas de microcirugía o la utilización del bisturí de rayo láser. A todo ello se une la toma de consciencia de que a nuestro alrededor existen multitud de radiaciones que nos afectan y que son fuentes de desequilibrio y enfermedad, como demuestra la aparición en algunos centros hospitalarios de departamentos dedicados a estudiar la contaminación ambiental (atmosférica, eléctrica, sonora, electromagnética, etc.).
Paralelamente, los avances en el terreno de la Psicología han provocado una nueva ampliación de las fronteras y hoy se explora abiertamente el mundo de la mente, de las emociones y de los diferentes estados de consciencia. Gracias a lo cual se empezaría también a tener en cuenta el estado de ánimo de la persona enferma, la influencia de los pensamientos -por ejemplo, con el uso de placebos-, el poder de la mente, la facilidad para somatizar conflictos psicológicos o emocionales, etc. Surge así la Medicina psicosomática, que, al comprobar la influencia de los campos más sutiles en los más densos, inicia la búsqueda de la causa de las enfermedades en aquellos elementos que están más cerca del origen: en las emociones y en la mente.

LA MEDICINA DEL SIGLO XXI
En definitiva, el panorama que se extiende ante nuestros ojos es casi apabullante. Porque debido a la enorme cantidad de aspectos en los que se ha fraccionado el estudio de la salud se ha generado un auténtico maremagnum de terapias en ocasiones difíciles de reconciliar. Eso sí, empezamos a admitir que no debe hablarse ya de medicinas alternativas sino complementarias. Porque, afortunadamente, las nuevas tendencias abogan por la conciliación de los aparentes opuestos, la unión en lugar del fraccionamiento, la búsqueda de lo común en detrimento de las particularidades. Es más, la necesidad de contemplar al hombre como un ser integral dotado de aspectos físicos, energéticos, emocionales, mentales e, incluso, transcendentes a la hora de atender al mantenimiento de su estado de salud se impone merced a la demanda de las nuevas generaciones.

Ciertamente, el ser humano de final de milenio está cambiando muchas de sus creencias. Su concepción de la realidad se ha modificado porque lo ha hecho la idea de sí mismo. Se origina así un nuevo enfoque de lo que es la enfermedad y la salud, del porqué de sus experiencias, de la influencia del entorno, de la satisfacción de sus necesidades, de su participación en los procesos de los demás y de la consciencia de sus capacidades, que se amplían a medida que se va liberando de los miedos y la inseguridad.

Fuente: http://www.dsalud.com/curso_numero1.htm