martes, 6 de octubre de 2009

Santones de la nueva era

SALVADOR FREIXEDO/MAGDALENA DEL AMO

LOS SANTONES DE LA NUEVA ERA

Las «cualidades» de estos impostores

Aunque ya hablamos someramente de este tema en el capítulo de «LA QUINCALLA DE LA NUEVA ERA», insistiremos un poco más en él por ser algo de importancia para los que buscan afanosamente la evolución de su espíritu.

La Nueva Era, lo mismo que tiene una quincalla propia, tiene también sus santones que son aún
más peligrosos que aquélla. Convertida por muchos en una religión, tiene que tener naturalmente sus sacerdotes que dictaminen los ritos y creencias y lo que es ortodoxo.

Estos santones a veces saltan de ser quincalleros a impartir, no se sabe con qué ciencia infusa,
normas para progresar en la evolución del espíritu. Suelen hablar de una manera muy reposada, con voz suave y con términos místicos, usando de vez en cuando alguna palabra sánscrita para demostrar a sus discípulos que ellos están entroncados con la esencia más genuina del yoga y del alma de Oriente.

Si tienen oportunidad, suelen escribir sobre asuntos esotéricos enrevesados en los que mixtifican
lo divino y lo humano y hablan del «espíritu crístico» y «búdico» sin que uno sepa nunca bien qué es lo que quieren decir, quedando con la duda de si ellos mismos sabían bien lo que estaban diciendo.No es raro que sean milenaristas y están constantemente prediciendo para pronto «cambios de era» en los que habrá males tremendos para la humanidad. Esperan la «Segunda venida de Cristo» y preparan a sus discípulos para ella y hasta creen en apariciones marianas que les lleva a escribir larguísimos artículos sobre estos temas sin que al fin de ellos uno sepa qué es lo que quisieron decir. Algunos, antes de constituirse en santones, tuvieron vidas bastante agitadas, dedicándose a actividades comerciales muy apartadas de las sutilezas místicas; pero presumiblemente debieron experimentar alguna iluminación que los convirtió al misticismo más radical. Pero lo malo es que en sus vidas no han cambiado de la misma manera, porque lo cierto es que con frecuencia son calculadores fríos de todos sus movimientos, envidiosos del progreso de los demás y zancadillean a todo el que les pueda hacer sombra de alguna manera. Dan cursos de alto espiritualismo y de cómo hacer evolucionar la mente, pero no es raro que todas sus actividades tengan un cierto tufo a comercio y a actividad económica.

Por desgracia hay demasiada gente crédula que se fía de ellos, en nuestra sociedad abundan las
personas vacías que necesitan colgarse de alguien aunque sea un advenedizo o una campana hueca. Si suena bien y si es capaz de echar discursos bonitos, coloreados con pensamientos orientales, yllenos de palabras hermosas, tendrá oyentes y seguidores en abundancia. Los santones predican un esoterismo «Light», de fin de semana, epidérmico, que no llega hasta lo que
constituye la esencia y el fondo de la Nueva Era que es, ni más ni menos, un cambio radical, no sólo en la manera de hablar y de pensar, sino también en la manen de vivir.

Estos individuos gustan de hacer discípulos y escuelas y, con una audacia increíble, se meten en
terrenos de los que no saben nada, como son las etapas que recorre el alma en su difícil ascensión
hacia el Absoluto. Han leído alguna obra de algún «suami» oriental y ya se sienten poseedores de sus conocimientos, como si las ascensiones del espíritu fuesen caminos trillados que ellos hubiesen recorrido muchas veces antes.

En Occidente escasean, tal como ya dijimos, los verdaderos maestros del espíritu, porque hasta ahora toda nuestra filosofía y nuestra concepción del mundo espiritual habían estado imbuidas de las ideas cristianas acerca del más allá y del reino del espíritu, que son radicalmente falsas. En los últimos tiempos hemos asistido a la llegada de bastantes maestros de la India y el Tibet, pero por lo general sus enseñanzas pecan un poco de orientalismo exagerado al no tener en cuenta el modo de ser del alma occidental. Por eso no abundan las personas de nuestro mundo que tengan la suficiente escuela, tanto teórica como práctica, como para ponerse a impartir clases de espiritualismo genuino, que esté de acuerdo con el alma occidental. Esto hace más hiriente la audacia de estos farsantes que sin encomendarse a nadie, adoptan el papel de maestros de almas y, de hecho, lo hacen, llevando a muchos por caminos descarriados. Porque mal pueden guiar a nadie cuando ellos mismos están perdidos. Los auténticos hijos de la Nueva Era huirán de estos santones como de la peste, pues tienen el don de descarriar a los que se ponen en sus manos, creando en sus mentes la misma confusión que ellos tienen en las suyas. Con frecuencia los hacen entrar por vías que no llegan a ninguna parte, haciéndoles perder un tiempo y a veces un dinero precioso y llenando su alma de desencanto cuando caen en la cuenta de que todas las bellas frases no eran más que palabras huecas y de que todo el esfuerzo ha sido inútil porque les ha dejado el alma tan vacía como estaba.

Extraído por Krisaltis del libro "Los hijos de la nueva era", por Salvador Freixedo y Magdalena del Amo.